Las actuaciones de voluntarios, socios y colaboradores han constituido siempre uno de los pilares básicos en la conservación del Refugio que, por tradición, se ha convertido en una auténtica escuela de naturalistas y un punto de encuentro de aquellos que aman la naturaleza y quieren colaborar activamente en su conservación.
De hecho, la conservación del Refugio habría sido imposible sin el apoyo y la colaboración de la población local, comprometida con la preservación de estos parajes. Han sido, y lo siguen siendo actualmente, los habitantes de Montejo de la Vega, Valdevacas de Montejo, Maderuelo y otros muchos pueblos de la comarca, los auténticos protagonistas de este bello ejemplo de convivencia entre las actividades tradicionales y la conservación del patrimonio natural.
Al incansable trabajo de las gentes del lugar, hay que sumar el entusiasmo de muchas personas que, de manera altruista y desinteresada han prestado su tiempo y dedicación en apoyo de las diferentes labores de conservación o bien aportando numerosos datos, que han permitido que este sea uno de los parajes mejor estudiados y conocidos de la península Ibérica. En este sentido, mención aparte merece Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo que, al frente del Fondo para el Refugio de las Hoces del Riaza y junto a miles de personas, colaboran en la mejora del conocimiento de este espacio y en su defensa.
Actualmente, el Refugio de Rapaces sigue siendo una cita obligada para todas aquellas personas que quieren participar de manera activa en la conservación de los valores naturales de nuestra península a través de actividades tales como: