Los gestores de parques marinos –y los gobernantes y ONGs que las apoyan- deben a menudo lidiar entre sus intereses de conservación y las prioridades locales que provienen de una amplia fuente de sectores, como la pesca artesanal y comercial, los tour-operadores, ayuntamientos, agricultores e investigadores científicos.
Además, los responsables de éstas áreas en la mayoría de los casos, tienen que gestionar con presupuestos extremadamente ajustados y sin el suficiente personal, y muchas veces el trabajo esencial tiene que ser relegado a voluntarios y a la participación pública. Esto significa, que en la mayoría de los casos el personal del parque no puede patrullar adecuadamente la reserva, investigar o implementar las estrategias efectivas de conservación.
