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Impacto del Cambio Climático

 / ©: WWF/ Alex Moore
Marismas de Doñana
© WWF/ Alex Moore
El cambio climático es un hecho que ya estamos viviendo –y sufriendo– también en Doñana. Esto se percibe principalmente en los hábitos migratorios de las aves. Las especies que vienen a hibernar, retrasan su llegada, y las que pasan aquí el verano llegan antes de lo que era habitual. Algunas especies del norte de África, antes anecdóticas, se avistan ahora todos los años. El efecto combinado del cambio climático y la extracción incontrolada de agua del acuífero han reducido el periodo de inundación de la marisma, especialmente en verano.

Pronósticos para Doñana

Las previsiones de cambio climático no están exentas de incertidumbres; sin embargo, la tendencia del clima a ser más árido en Doñana es bastante clara. Se prevé un aumento de unos 3ºC en las temperaturas medias, incluso 4ºC o 5ºC en verano; los veranos serán entre 2 y 5 semanas más largos; aumentarán las noches tropicales (con más de 20ºC) y se reducirán las noches con heladas. Al mismo tiempo se reducirán las lluvias en unos 110 mm al año, lloverá menos días y la velocidad del viento aumentará un 5%. El nivel del mar subirá, y a finales de siglo puede que esta subida alcance el medio metro.

Ante estos cambios, Doñana tenderá a la desertificación. Le llegará menos agua del Guadalquivir, habrá más riadas, los suelos estarán más secos y peligrarán muchos humedales. El acuífero tenderá a acabar sobre-explotado.

Ante esas conclusiones, que resultan de las jornadas internacionales y de los estudios elaborados por WWF en Doñana, es imprescindible actuar.


¿Cómo anticiparse?

Por una parte se debe facilitar la adaptación de los sistemas naturales, socioeconómicos y culturales al cambio del clima, manteniendo la diversidad ecológica, desarrollando nuevas opciones para diversificar la economía y poniendo en marcha modelos de gestión adaptable, que cambien a la vez que cambia el clima. Pero al mismo tiempo se deben tomar medidas para frenar en lo posible el cambio climático, reduciendo las emisiones de gases invernadero a la atmósfera, entendiendo que la calidad de vida depende de la calidad del medio en que vivimos, no de la cantidad de recursos que consumimos.
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